Cuelgo del techo. Sobre mi cama 5 hombres desnudos. Decididos y distintos, como duelo impar, duelo triangular.
Cuelgo del techo. Insecto hermoso, atroz, veloz, incestuoso. Uno de ellos intenta alcanzarme y casi lo logra. Cuando salta por segunda vez los otros comienzan a golpear hasta matarlo. Después resbala la piel en rojo, fuera de esa superficie blanca que cual paraíso, parecía no tener bordes.
Cuelgo del techo. Disfruto. Pasa algún rato, y de pronto un inmenso brinco. Entre sus dedos, un trozo de mi pierna. Abajo todo es alegría pero en el centro de esa alegría, alguien no sonríe, alguien ya no respira.
Cuelgo del techo. Me aburro. De vez en cuando uno de ellos mira. De vez en cuando abajo es goce. Sin embargo casi siempre es calma.
Caigo del techo en mitad de la cama, sobre tres hombres muy bien vestidos. Uno de ellos murmura algo y luego me arrojan un traje.
Nadie cuelga del techo. La civilización ha nacido.